Debajo de una Superficie Pulcra, Emerge un Mercado Negro

Lima | 04/24/2013 3:47pm
Manuel Vigo | Informal City Dialogues

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En uno de los centros comerciales más transitados del centro de Lima miles de peruanos van de compras, apretados entre los angostos pasadizos mientras se escurren en cuartos diminutos. Música estalla de los puestos desde los que comerciantes tratan de jalar a compradores con lo que aparentan ser filas infinitas de productos. El olor a comida y plástico cuelga en el aire.

Esto es Polvos Azules, uno de los epicentros de la venta al por menor en Lima, a menudo referida como el “mercado informal oficial” de la ciudad. Cuenta la leyenda que Polvos Azules obtuvo su nombre en la década de los 1540 debido al material que usaban los artesanos de cuero para teñir las pieles en una calle pequeña detrás del Parque Presidencial donde originalmente estaba ubicado el mercado. Cinco siglos más tarde, el espíritu capitalista encarnado por esos antiguos mercantes sigue vivo y coleando; sus artesanías de cuero reemplazadas por imitaciones de jeans Levis y DVDs piratas de Magic Mike.

Lima es una ciudad donde lo formal e informal están naturalmente enlazados; una condición que está ejemplificada de la mejor manera posible en los bulliciosos puestos de venta de Polvos Azules. En los 1980s, vendedores semi-ambulantes empezaron a congregarse en Polvos Azules vendiendo Walkmans y videocasetes, eventualmente creciendo hasta más de 5mil vendedores. Al comienzo de los 90s ellos se organizaron, formando la Asociación de Propietarios del Centro Comercial Polvos Azules. La asociación negoció con la ciudad un programa de relocalización y construyó un espacioso centro comercial con 2400 puestos.

Hoy en día Polvos Azules es uno de los más grandes destinos de compra y una de las mayores fuentes de artículos electrónicos pirateados, imitaciones de ropa de marca y zapatos de contrabando. Todo esto a pesar de estar situado a tres cuadras de el edificio del Palacio de Justicia.

Polvos Azules es un estudio en contradicción. Según Gestión, un periódico peruano de negocios, 90% de las tiendas del local están “formalizadas.” Pagan impuestos (de cierto modo) y se adhieren a los estándares esenciales de seguridad. Las tiendas reciben licencia de parte de la ciudad y, al igual que la ciudad de Lima, el edificio mismo ha ido transformándose gradualmente en algo que parece, al menos visualmente, más organizado, formal y regulado. Los suelos de tierra han sido reemplazados por lozas de cerámica. Muchas de las tiendas ahora aceptan tarjetas de crédito e incluso Interbank, que es uno de los bancos más grandes del país, ha abierto una sucursal dentro del populoso centro comercial.


Polvos Azules, via YouTube

Sin embargo, esta búsqueda por una estética más formal no ha cambiado el hecho de que la mayor parte del inventario que recibe Polvos Azules sigue viniendo por medio del mercado negro. Además, data y evidencia empírica sugiere que los clientes lo prefieren de esta manera. Un estudio reciente concluyó que, en promedio, Polvos Azules realiza cuatro veces más ventas por metro cuadrado que Jockey Plaza, uno de los centros comerciales formales más grandes de la ciudad.

A diferencia del Jockey Plaza, que es un edificio deslumbrante lleno de boticas de alta escala y tiendas de departamento, los mercaderes de Polvos Azules ofrecen bajos precios y la posibilidad de regateo. De acuerdo a varios consumidores entrevistados allí, estos aspectos son las principales razones por las que prefieren comprar allí. Uno de los compradores lo resumió diciendo que compra en Polvos porque “es barato y no es peligroso.” El mercado además satisface a públicos niche normalmente olvidados por los centros comerciales formales. Algunas tiendas venden exclusivamente manga y anime japonés, por ejemplo. Otras tiendas venden series antiguas de televisión. Otras sólo películas para adultos.

Aunque el centro comercial, al igual que la ciudad que lo rodea, haya ido inclinándose hacia la formalización, sus trabajadores siguen operando sin privilegios laborales y muchos tienen cautela al hablar acerca de sus actividades. Amanda, una mujer baja y esbelta de unos 40 años, ha sido dueña de un espacio de cuatro metros cuadrados en Polvos Azules desde hace 12 años. Dice que hoy en día aún recibe problemas por parte de los agentes de la ciudad. “Me he metido en problemas con la oficina de fiscalización por vender replicas de Nike y Adidas,” dice tímidamente, rodeada de imitaciones de Lacoste y Tommy Hilfiger. El mercado es intervenido por la policía de cada vez en cuando, a pesar de que tácitamente la ciudad aprueba de su existencia. Incluso los policías permanecen ambivalentes respecto al tema. Informantes dentro de las filas policiacas le avisan a los mercaderes acerca de las redadas con varios días de anticipación para que puedan mover u ocultar sus productos pirateados.

“En realidad, es raro que no hayan venido hoy porque usualmente vienen el 15 de Diciembre. Hoy es el 15 y todavía no ha pasado nada,” dice Amanda, sacando la cabeza de su puesto de venta, echándole una mirada al largo pasillo en el que se encuentra.

Durante la última década varios intentos han sido hechos para formalizar aún más a Polvos Azules y promover mejores condiciones de trabajo dentro del mercado. En el 2006, la Organización Internacional de Trabajo lanzó un programa que le otorgaría a los trabajadores microfinanciamiento, seguros de salud y entrenamiento técnico. Sin embargo, como cuenta Mario Tueros, encargado de manejar este programa de la OIT, fue muy difícil ejecutar este plan. “Hubo problemas administrativos con respecto a la cantidad de gente que lideran la administración de Polvos Azules. Además, el trabajador promedio es difícil de localizar, y probablemente esté trabajando en representación de otra persona.”

La municipalidad de La Victoria, distrito en el cual está localizado Polvos Azules, no respondió al cuestionamiento acerca de por qué la ciudad continúa otorgando permisos a un mercado en el cual se comercia con productos ilegales. Una llamada a INDECOPI, la agencia de protección a la propiedad intelectual en Perú, tampoco resultó productiva. La persona que contestó el teléfono dijo que la mayoría de encargados estaban de vacaciones por los feriados. La falta de preocupación oficial es evidente. En muchos aspectos Lima es un lugar en el que la piratería se ha vuelto institucionalizada. La mayoría de peruanos comercian con productos que de una u otra forma son ilegales. Bajo ese contexto, la popularidad duradera de un lugar como Polvos Azules no es difícil de entender. No sólo ofrece productos “de marca” a fracciones de precio, sino también genera empleo a unas 5mil personas, de acuerdo a la OIT.

Polvos Azules no es sólo un éxito con los residentes locales. Amanda dice que en las fechas previas a Navidad, turistas provenientes de países en los que artículos piratas son más difíciles de encontrar compran grandes cantidades de productos antes de volver a casa.

“Vienen antes de las fiestas, en Octubre y Noviembre,” dice sobre los turistas que encantados se acopian de sus imitaciones de Lacoste y Abercrombie, pagando precios tan bajos que no pueden creerlo. “Se llevan bolsas grandes, maletas llenas de ropa… y luego ellos las venden como si fuesen originales.”